martes, 6 de marzo de 2012

El símbolo del dólar
Existen varias versiones sobre el origen del símbolo $. La que posiblemente es la más ampliamente aceptada, según la Oficina de Grabado e Impresión de los Estados Unidos, es que el mismo es el resultado de la evolución de la abreviatura novohispana y española , que abreviaba pesos, piastras, o piezas de a ocho. Esta teoría, derivada del estudio de manuscritos de los siglos XVIII y XIX, explica que la s pasó gradualmente a escribirse sobre la P, desarrollando un equivalente próximo a $. El símbolo fue ampliamente usado antes de la adopción del USD en 1785.
Otra es que el símbolo fue derivado de o inspirado por la marca de ceca de la casa de la moneda colonial española de la ciudad, en ella se encontraba la mina de Potosí, en el actual país de Bolivia. Esta marca de ceca estaba compuesta de las letras PTSI superpuestas una encima de la otra, formando un símbolo muy similar al original símbolo del dólar (el de una barra vertical: $). Los reales de plata españoles (las «piezas de a ocho») eran de uso común en las colonias inglesas de Norteamérica. Gran parte de esas monedas serían fabricadas en la mina de Potosí. Estas, además, hubieran tenido un perfil algo elevado, ya que la mina de plata de Potosí supuestamente fue la más grande de la historia, tanto que Potosí llegó a ser durante un tiempo la ciudad más grande de toda América y su fama era mundial en aquella época.
Actualmente en algunas ocasiones aún se usa la variante con dos barras verticales. Esta variante se atribuye a veces a la idea de superponer U y S (de United States), pero parece que la misma ya existía por la época en que la zona eran colonias británicas. El símbolo sería una estilización de las Columnas de Hércules que aparecían en las monedas acuñadas en la Ceca de México, los reales de a 8 llamados columnarios. Las barras verticales serían las columnas y la S seria la banda con la leyenda «Plus Ultra» que las envolvía. Un sello con esta forma se estampaba sobre los lingotes de oro y plata que viajaban en las Flotas de Indias con destino al Tesoro Real. La versión de una sola barra es una simplificación del original de dos.
Por último, la similitud del símbolo del dólar con el del sestercio (IIS, I·IS o HS) podría hacer pensar en un origen romano. Sin embargo, en los manuscritos antiguos nunca aparece el símbolo del sestercio con los trazos verticales superpuestos a la letra S.
Nombres de los centavos del dólar
En inglés cada una de las monedas de menos de un dólar tiene un nombre específico:
  • 1 centavo — penny
  • 5 centavos — nickel
  • 10 centavos — dime
  • 25 centavos — quarter
  • 50 centavos — half dollar
  • 100 centavos — dollar

Tasa de cambio y cotización

Actualmente todas las divisas del mundo están sujetas entre sí por unas ligas que las sostienen estirándose y aflojándose constantemente según los flujos de capitales lo que hace variar las tasas de cambio y las cotizaciones, este sistema de entramado de ligas es lo que le da el valor al dinero.
Por mucho tiempo el dólar fue el pilar de la economía mundial siendo este la base para los tipos de cambio y cotizaciones mundiales. Ahora con el euro hay un mayor entramaje de estira y afloja de las ligas que unen a las divisas mundiales.
Para Joseph Stiglitz, el sistema de reservas en dólares es parte de la crisis, ya que hace que gran parte del efectivo llegue a EE. UU. Él sugirió que se creara un nuevo sistema global de reservas. Zhou Xiaochuan gobernador del banco central chino propuso lo mismo y pidió la creación de una nueva moneda y que el FMI emitiera la nueva moneda.

Decadencia del dólar

El billete verde inició en 2002 un declive sostenido que no acaba de detenerse. En aquel momento, con un euro se obtenían 86 céntimos de dólar. Ahora, el cambio sale por 1,44 dólares por cada euro.
La creciente debilidad de la economía estadounidense y un déficit exterior galopante tiran a la baja del billete verde y la cuestión es hasta dónde puede seguir cayendo. El dólar sigue siendo la moneda internacional de referencia, pero los inversores ya no le tienen la misma fe. Los países exportadores de petróleo junto a las grandes economías asiáticas empiezan incluir el euro en sus ingentes reservas, en detrimento del dólar. Algunos, como Irán, incluso tienen previsto cobrar el crudo en euros, por razones económicas pero también políticas.
Detrás de esa decadencia del dólar está la debilidad de la economía estadounidense. La crisis financiera iniciada con las hipotecas basura el pasado agosto ha desembocado en la temida recesión y ha acentuado el perfil bajo del billete verde con respecto al euro y a otras monedas, como el yen y la libra. Hay más razones. Los norteamericanos han vivido durante años por encima de sus posibilidades, con un déficit exterior galopante, que ronda los 750.000 millones de dólares, más del 5% del producto interior bruto de Estados Unidos.
Aun así, es difícil que el dólar pierda estatus. El financiero George Soros apostó en 1992 contra la libra esterlina y ganó: la moneda británica se derrumbó. Los ataques especulativos fueron habituales a lo largo de los años noventa: México, Tailandia, Rusia, Brasil y un poco más tarde Argentina sufrieron el acoso de los especuladores sobre sus monedas. España, también. Pero, en principio, el dólar está en otra categoría.
«El declive del dólar es evidente, por la propia desaceleración de la economía estadounidense. Y las autoridades de medio mundo han empezado a diversificar sus reservas. Pero ese es un proceso que viene de lejos, y que va a seguir siendo muy gradual. Difícilmente puede haber correcciones drásticas porque al fin y al cabo la economía de Estados Unidos empezará a recuperarse en la segunda mitad de este año», asegura Pablo Guijarro, de AFI. En otras palabras: es normal el castigo, que ha llevado el dólar a niveles nunca vistos, pero no se espera una debacle. «Además, el dólar débil le viene de lujo a EE. UU.: sus exportaciones son más baratas y permiten rebajar el déficit exterior», añade Guijarro.
José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, destaca que Estados Unidos «necesita en estos momentos un dólar a la baja para salir del paso». «Pero no va a dejar de ser la moneda de referencia mientras la primera economía del mundo siga liderando las ganancias mundiales de competitividad», asegura.
Tras la inestabilidad en los tipos de cambio hay siempre desequilibrios comerciales. Y los desequilibrios de balanza de pagos no han dejado de incrementarse en los últimos años: los más de 700.000 millones de dólares del déficit estadounidense contrastan con los holgados superávit de economías como Japón, China y otros países emergentes. Un superávit sostenido suele suponer, a la larga, la apreciación de la moneda, como en el caso de Alemania durante los años sesenta y setenta. Y de igual manera, cabía esperar que el déficit de EE. UU. desembocara en una depreciación de la moneda.
Hasta ahora, eso ha sucedido a medias: el dólar pierde valor con respecto al euro, el yen y la libra esterlina, pero no con relación a las divisas de las economías emergentes, en parte por su rol como divisa de referencia. Sin embargo, para Paul Donovan, de UBS, ese papel del dólar como moneda en la que se acumulan reservas «está en franco declive». «Al dólar le va a suceder algo parecido a lo que le pasó a la libra hace 90 años», augura.
La caída del dólar se convirtió en sustantivo, verbo y adjetivo de la política económica internacional. Y no es para menos, ya que los movimientos de esta divisa alteran las fibras de todo el comercio mundial provocando reacciones con múltiples efectos.
Como se recordará, una situación similar se presentó en 1971 cuando la devaluación del dólar provocó una gran fisura del sistema monetario internacional, acelerando los acontecimientos que desembocaron en la crisis económica de 1973. Nuevamente, en 1987 el gigante tomó la dosis que en el pasado inmediato recomendaba a los países del tercer mundo, vía Fondo monetario Internacional.
Sin embargo, mientras en las naciones del tercer mundo la devaluación tiene un carácter defensivo, en el caso de los Estados Unidos asume un perfil ofensivo por las consecuencias que se derivan.
En efecto, varios países de Europa y el Japón protestaron por la caída de sus exportaciones y algunas empresas, otrora fuertes redujeron sus niveles internos de producción, licenciado una parte del personal.
En países como Colombia, el descenso del dólar presenta, una doble connotación, al sumarse la devaluación del peso a la de la divisa norteamericana.
Por una parte, las importaciones provenientes de Europa y Japón tienen una tendencia al encarecimiento, al exigir una mayor suma de pesos Colombianos por cada bien comprado a países con monedas fuertes. De esta forma, los viajeros a San Andrés y los importadores, compraron mercancías cada día más caras de Roma, Tokio o París. Igualmente los colombianos que viajan a Alemania, Inglaterra u otras naciones de Europa tienen cada vez más dificultades para acceder a los bienes y servicios que ofrecen esos países.
De otra parte, aquellas empresas con un amplio grado de apertura en sus importaciones se ven afectadas por el creciente, encarecimiento de los bienes intermedios y de capital.
Con respecto a las exportaciones, la situación puede variar sustancialmente para Colombia. El efecto de la devaluación conjunta del peso y del dólar, aumenta las ventas Colombianas a Europa y Japón al establecer relaciones de precios transitoriamente más favorables a las mismas. De esta forma es factible esperar un crecimiento de las exportaciones menores (Textiles, minería, frutas, etc.) y una creciente participación en Europa, región que puede llegar a constituir el norte de cerca del 45% de la producción nacional con destino al mercado mundial.
Con respecto al movimiento de capital la situación es bien diferente. La devaluación encarece aun más la deuda externa ya que cada día se requiere más pesos para cancelar el mismo monto en moneda extranjera. Pero adicionalmente los inversionistas extranjeros, en la búsqueda de materias primas y mano de obra barata, trasladaran más capitales a países como Colombia donde la devaluación del peso le otorga mayor poder de compra a la moneda extranjera.
Así se presenta una paradoja consistente en que la balanza comercial tiende a saldos favorables, mientras que la balanza de capitales va aumentando el desequilibrio negativo. Por tal razón y en estas circunstancias no era conveniente una ampliación del endeudamiento externo, cuando el monto se elevó de US $12.000 millones en 1985 a US$ 15.0000 en diciembre de 1986.
Adicionalmente debía tenerse presente que el país genera procesos internos de acumulación y que cada vez es mas un mito la creencia difundida por los países desarrollados sobre la "carencia de capital" en los países subdesarrollados.
Una prueba que refuta esta presumible deficiencia es que América Latina en la primera mitad de la década del ochenta pagó en el exterior más valor por concepto de intereses que por amortización de capital. Para captar la magnitud y proporción de este fenómeno debe tenerse presente que el país canceló en 1986 por concepto de intereses de la deuda externa una suma equivalente al salario mínimo anual de mas de 700.000 trabajadores.